ATENAS.- El Parlamento griego estaba envuelto en nubes de gas lacrimógeno, los manifestantes sacaban piedras del suelo de la Plaza Sintagma y las lanzaban contra la policía. El centro de la capital griega parecía un campo de batalla. Paradójicamente, las protestas se dirigían contra una resolución del Parlamento que pretende salvar al país de la bancarrota.

El mundo financiero europeo pero también más de un jubilado y empleado estatal griego, de hecho, respiraron aliviados. El peligro de una cesación de pagas estatal y de una grave crisis financiera en europea parece haberse evitado por el momento. El primer ministro, Giorgos Papandreou, superó con la aprobación del Parlamento un obstáculo importante en la lucha por salvar las finanzas griegas.

La Unión Europea y el FMI ganaron tiempo para armar un nuevo plan de rescate. La UE en realidad esperaba que los griegos aprobaran el plan de común acuerdo. La gran pregunta es ahora si Papandreou estará en condiciones de implementar su programa de ahorro sin el apoyo de la oposición y contra la resistencia de gran parte de la población. El gobierno ya tuvo un éxito sólo parcial con su primer programa de ahorros, hace ya casi un año. El Estado ahorró mucho y redujo el déficit del presupuesto de 15,5% a 10,5% del PBI. Pero no logró aumentar los ingresos y luchar contra la evasión de impuestos. Para equilibrar esas falencias, hará ahora lo siguiente: todo autónomo deberá pagar, independientemente de sus restantes ingresos, un impuesto per cápita y por año de entre 300 y 500 euros.

Pero incluso si Papandreou logra controlar el endeudamiento nuevo, queda aún una montaña de deudas de 340.000 millones de euros. Muchos griegos temen que el programa se convierta en un trabajo de Sísifo y que su Estado deba gastar miles de millones en intereses durante décadas, dinero que podría ser invertido en el incentivo a las inversiones o en formación.